Lo que comenzó como una promesa de soberanía digital hoy es un campo de batalla dominado por gigantes corporativos. Analizamos qué significa que Bitcoin supere el Zetahash, y por qué este hito no es del todo motivo de celebración.
Bitcoin ha alcanzado un nuevo hito técnico: una tasa de hash superior a 1 Zetahash por segundo. Suena imponente. Lo es. Pero detrás de esta cifra se esconde una realidad que contradice los ideales originales del proyecto.
¿Qué es el hashrate y por qué importa?
El hashrate (o tasa de hash) representa la potencia computacional que se dedica a minar Bitcoin, es decir, a resolver los complejos problemas matemáticos necesarios para validar transacciones y asegurar la red. Cuanto más alto es el hashrate, más difícil se vuelve atacar la red.
1 Zetahash equivale a 1.000.000.000.000.000.000.000 hashes por segundo.
Para ponerlo en perspectiva:
- En 2016, Bitcoin apenas alcanzaba 1 Exahash por segundo.
- Hoy, supera los 1.000 Exahashes.
- Es decir, un incremento de 1.000 veces en menos de 10 años.
Estamos hablando de una red más poderosa que cualquier supercomputadora centralizada en el mundo.
¿Victoria de la descentralización o captura de poder?
Pero no todo lo que brilla es cypherpunk.
Este hito no representa una mayor descentralización, sino más bien todo lo contrario: una concentración creciente del poder de minado en manos de unas pocas megacorporaciones con acceso a recursos energéticos, infraestructura de escala industrial, y alianzas con gobiernos o fondos de inversión.
Empresas como MARA Holdings, Foundry USA Pool o AntPool controlan porcentajes significativos del poder de minado. La minería independiente, casera, local… ha sido prácticamente expulsada del juego.
Lo que antes era una red distribuida de nodos rebeldes, hoy es un campo minado por las mismas élites que controlan las estructuras del viejo sistema financiero.
¿Por qué es problemático?
- Centralización del poder: La mayoría del hashrate está controlado por un puñado de entidades. La posibilidad de colusión entre estos actores no es teoría conspirativa, es lógica de mercado.
- Reproducción del modelo extractivista: Grandes mineras consumen cantidades industriales de energía. En muchos casos, en países pobres o con regulaciones laxas, se benefician de subsidios estatales mientras externalizan los impactos sociales y ambientales.
- Desigualdad creciente: A medida que el umbral técnico y económico para minar se eleva, el ciudadano promedio queda fuera. Bitcoin ya no es la herramienta accesible que prometía el whitepaper.
¿Qué significa esto para el usuario común?
Muchos principiantes ven en Bitcoin una salida del sistema tradicional. Y es cierto: es una herramienta poderosa para resistir la inflación, el control monetario y la vigilancia financiera.
Pero también es necesario saber cómo se ha desvirtuado parte de su arquitectura técnica.
Lo que podés hacer:
- Corré tu propio nodo. No necesitas minar para validar la red.
- Educate. Entender cómo funciona Bitcoin es la mejor forma de defender su potencial liberador.
- Apoyá proyectos de minería comunitaria y descentralizada. Ya existen iniciativas de este tipo.
- Explorá alternativas más ligeras y éticas, soluciones de capa 2, que permiten uso sin necesidad de megaestructura.
¿Es Bitcoin un fracaso?
No. Es una tecnología neutra. Pero como toda herramienta poderosa, su impacto depende de quién la controla.
Lo que sí ha fracasado, al menos por ahora, es la narrativa de que Bitcoin es intrínsecamente descentralizado.
Como cypherpunks, debemos recuperar ese espíritu original: el del código como resistencia, el del anonimato como escudo, el de la criptografía como arma contra el totalitarismo financiero.
Reflexión final
1 Zetahash por segundo no es sólo un número. Es un espejo.
Nos muestra quiénes están ganando la carrera por el control de la infraestructura descentralizada.
¿Vamos a seguir aplaudiendo el crecimiento sin cuestionar su sentido? ¿O vamos a usar esta tecnología para reconstruir redes realmente libres?
Como dijo Satoshi Nakamoto en 2009:
“Si no lo crees o no lo entiendes, no tengo tiempo para intentar convencerte, lo siento.“
Nosotros sí tenemos ese tiempo. Pero primero, hay que mirar de frente al monstruo.
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